🎬 [VIDEO EXPLICATIVO] Lactancia materna en Chile ¿un inicio sostenible?, las deudas del sistema de salud con su práctica efectiva.
Desde el año 1992 se celebra desde el 1° y hasta el 7 de agosto la Semana Mundial de la Lactancia Materna (SMLM), en conmemoración de la Declaración de Inocenti (1990) con el objetivo de informar, afianzar, involucrar e impulsar acciones en materia de lactancia materna (WABA, 2026). Desde el año 2016 está alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el 2018 fue reconocida por la Asamblea mundial de Salud como una importante estrategia para la promoción de la lactancia materna. Este este año, el lema “lactancia materna, un inicio sostenible en cualquier circunstancia: fortalezcamos las acciones que funcionan”, se centra en el seguimiento del progreso y evaluación del impacto de la lactancia materna en la nutrición, seguridad alimentaria y reducción de la pobreza, destacando aquellas acciones exitosas y también las brechas existentes.
En Chile, la prevalencia de lactancia materna exclusiva al sexto mes de vida alcanzó un 55,3% para el año 2024, cifra que refleja el descenso respecto al máximo histórico del 61,8% registrado el año 2019 (Informe de vigilancia nutricional, DEIS, MINSAL). Además, se observan diferencias relevantes según nivel socio-económico, educativo, regiones, comunas, incorporación laboral y acceso a apoyos efectivos. Estos datos evidencian la vulnerabilidad de la lactancia materna y subraya, a su vez, la necesidad de seguir trabajando en políticas públicas que promuevan y prolonguen su exclusividad y duración, teniendo en cuenta los determinantes sociales de cada territorio. Para la región del Biobío, el servicio de salud (SS) Biobío lidera los indicadores nacionales, con un 61,7%, mientras que el SS Concepción se sitúa por debajo de la media nacional con un 45,9%, reflejando la diversidad en las metas de LME para una misma Región y, por tanto, la necesidad de contar con estrategias locales efectivas.
La evidencia muestra que la lactancia tiene un impacto positivo en la salud materno-infantil y en la sociedad entera tanto a corto, como a mediano y largo plazo. Aporta una nutrición adecuada, inmunidad, contribuye a un menor riesgo de infecciones, menor respuesta alérgica, logra desarrollar patrones de aprendizaje y conductas esenciales en la infancia, se considera un factor protector para obesidad infantil y alteraciones metabólicas, además de aportar beneficios a las madres y ser un alimento sustentable (Braham P. Rev. Chil. Pediatr. 2017, Manual lactancia materna para profesionales de la salud, MINSAL). Por esto, se ha establecido que la lactancia materna es una de las inversiones más eficaces y rentables que las naciones pueden realizar en favor de la salud futura de sus economías y sociedades.
Proteger y promover la lactancia materna exclusiva en los niños y las niñas hasta los 6 meses de vida y de manera complementada hasta los dos años de vida se incluyó entre las acciones de la Estrategia Nacional de Salud 2021-2030, por tanto, es deber de los equipos de salud que participan del cuidado de las personas durante la gestación, el parto y la supervisión de salud del niño y niña, realizar acciones de promoción, protección y apoyo de la lactancia, y fortalezcan su rol de acompañamiento a las familias en el proceso de crianza (Manual Operativo IHAN, MINSAL). En este sentido, lo que ocurre durante el embarazo, parto y las primeras 4 semanas del postparto es crítico para la instalación y duración de la lactancia.
Para que más madres puedan amamantar en forma efectiva y duradera a sus hijos e hijas, es necesario analizar las prácticas de los sistemas de salud: en Chile, un 79,3% de las mujeres cree haber experimentado alguna forma de violencia obstétrica, detectando diferencias significativas en establecimientos públicos, donde son más frecuentes, también en mujeres más jóvenes y que pertenecen a pueblos originarios o diferentes orientaciones sexuales (Observatorio de Violencia Obstétrica, OVO, Chile). La evidencia científica demuestra que las intervenciones médicas durante el parto pueden generar una cascada de intervenciones que altera la fisiología del nacimiento y dificulta el inicio de la lactancia. El mayor dolor experimentado durante el parto se asocia con el cese de la lactancia materna, entre varias otras intervenciones intraparto y vulnerabilidades psicológicas (Azlan N, Sci Rep, 2024). Otras investigaciones indican que el parto por cesárea tiene un efecto perjudicial en las conductas de lactancia temprana y en los resultados de la lactancia a largo plazo, dadas las dificultades que presentan los lactantes para alimentarse en el período post parto inmediato (Zhang F, Breastfeed Med, 2019). Otros procedimientos como tactos vaginales frecuentes y la indicación de mantenerse en posición acostada y el exceso de monitoreo generan inmediatez en los procesos médicos, derivando en partos instrumentalizados, que inhiben reflejos y apego.
En Chile, según cifras de Fonasa, en 2024, las cesáreas en la salud pública contribuyeron al 47% del total de los nacimientos atendidos, cifra que triplica la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de entre 10% y 15%. Sin embargo, durante el mismo año, 86% de los partos asistidos en los centros particulares. El año 2018, expertos OMS y UNICEF realizaron una actualización de los diez pasos para una LM exitosa, basándose en las investigaciones de los últimos años, los cuales son incluidos en la estrategia nacional “Establecimiento de Salud Amigo de la Madre y del Niño y de la Niña” (IHAN, Chile), los cuales incorporan políticas dentro de los establecimientos, competencias del personal, educación pre y post natal, atención post parto inmediata, apoyo a la lactancia natural, alojamiento conjunto, entre otras. Sin embargo, esta certificación es voluntaria y en Chile principalmente se ha aplicado a establecimientos públicos.
¿Por qué entonces, si contamos con políticas nacionales en lactancia materna, las cifras no mejoran? ¿estamos realmente comprendiendo las necesidades humanas reales de las madres, familias y sus bebés? Es posible que la lactancia materna en nuestro país, sigue presentando limitaciones dentro de las cuales, la forma de nacer y las primeras semanas de vida sean clave. Fortalecer “las acciones que funcionan” exige pasar de las recomendaciones a las obligaciones: una fiscalización efectiva en el cumplimiento de la ley de parto respetado y del código de sucedáneos de la Leche materna (CICSLM), capacitación obligatoria en lactancia materna para profesionales de la salud, extender la certificación IHAN con carácter integral tanto al sector público como al privado, y consolidar redes territoriales de acompañamiento posnatal que sostengan el retorno laboral y las realidades diversas de cada familia. Proteger la lactancia no es exigirle más a cada mujer, sino construir un sistema de salud y de cuidados que ofrezca prácticas integradas y oportunidades reales que se requieren para que la lactancia sea posible.
Fomentar y proteger la lactancia materna debe continuar siendo una prioridad en las estrategias locales y nacionales enfocadas a la primera infancia, promover a su vez la investigación científica, para disponer de información local y aumentar el conocimiento que tenemos de este tema en población chilena, lo que ha demostrado aumentar la efectividad de estrategias locales en salud pública.
Nicole Lasserre-Laso
Nutricionista, MSc. Nutrición Humana
Académica Escuela Nutrición y Dietética Universidad Santo Tomás
Docente Escuela Nacional de Administración Pública (ENA)
Investigadora Consorcio ELHOC Research

